martes, 24 de febrero de 2015

Convulsiones febriles, grandes desconocidas

Apenas hace una semana recibimos una noticia alarmante de unos amigos. Su hija, que curiosamente nació el mismo día que mi peque, había sufrido convulsiones y estaba ingresada en el hospital.

¿Pero cómo? ¿Convulsiones por fiebre? ¿Pero era muy alta? ¿Y qué hicieron?... mil preguntas nos vinieron a la cabeza. Como había pasado un tiempo prudencial llamamos a los preocupados papis para saber cómo estaba la chiquitina, y cómo estaban ellos. La pequeña, a pesar de haber sufrido una réplica al rato de sufrir la primera crisis, estaba bien. Gracias a Dios, no había sufrido ningún daño colateral, estaba en el hospital porque debía quedarse en observación.

¿Y los papis? Pues como iban a estar, agotados después de los momentos de tensión y pánico vividos, y agradecidos por la ayuda recibida de los profesionales sanitarios.

Está claro que ver a un hijo en una situación extrema de este tipo es horrible. El desgaste emocional que sufres es muy fuerte. Cuesta mantener la calma y ser objetivo. No quiero que suene mal pero cuando eres padre la carga emocional es infinita y eso hace que un hecho grave pero transitorio lo vivas con una intensidad y un sufrimiento enorme. Cuando mi pequeño estuvo ingresado por el maldito virus VRS, apenas tenía 2 meses, estuvo al límite de ingresar en la UCI, durante 2 días estuvo con una sonda nasogástrica porque no tenía fuerzas para mamar, le ayudaban con oxígeno porque sus bronquios estaban sufriendo, cada 4 horas había que ponerle una mascarilla para que inhalara su tratamiento, verle así, vivir en el hospital 7 días, el agotamiento, el estar separada del mayor (tenía 2 añitos recién cumplidos)…fue durísimo. Había momentos que sabía que todo eso tenía un principio y un fin, que no era una enfermedad de las graves, que volveríamos a casa y quedaría como una anécdota que contar, pero en ese momento se te rompe el corazón, es durísimo.

Una gran descarga emocional es, para mí, llorar, sacarlo todo. Pero a veces, no se puede, necesitas mantener el tipo, por ti o por los demás. Qué complicado es el bello mundo de las emociones!!

La información y la formación son los mejores aliados para afrontar escenarios críticos. No es que desplacen a las emociones que siempre andan presentes, pero ayudan.

Así que he buscado información sobre las convulsiones febriles y me gustaría compartirla con vosotros ya que, en general, creo que son unas grandes desconocidas. Mi fuente de información ha sido el libro de la Dra. Amalia Arce, Diario de una mamá pediatra (si no lo tenéis os lo aconsejo como libro de consulta),  junto con los consejos que siempre me ha dado la pediatra de mis hijos a la que adoro.

La Dra. Amalia Arce define en su libro a las convulsiones febriles como episodios de pérdida de conciencia acompañados por alteraciones del tono muscular, y, a menudo, sacudidas de las extremidades, ojos en blanco, labios amoratados, y la sensación de que no respira. Se producen en niños de entre 6 meses y 5-6 años. Estos niños son niños sanos que tienen fiebre, pero ojo, ésta no tiene que ser alta (este detalle me ha sorprendido, siempre he pensado que se daba con fiebres muy altas). El episodio suele darse cuando la fiebre empieza a subir, con lo cual, prever la crisis es muy difícil. Suelen durar poco tiempo, menos de 15 minutos (para mí una tortura eterna). En la mayoría de los casos la recuperación es completa, y el desarrollo psicomotor, normal.

Las convulsiones febriles típicas son benignas, no dejan secuelas y no necesitan ningún tipo de exploración complementaria ni seguimiento por parte de ningún especialista. La gran mayoría de los niños que las han padecido no suelen tener réplicas, pero éstos tienen más posibilidad de sufrirlas otra vez.

Se aconseja investigar cuál ha sido el motivo de la fiebre.

¿Y cómo actuamos nosotros?
 
Fuente: Diario de una mamá pediatra. Dra. Amalia Arce. Ed. Grijalbo


Conociéndome seguro que lo más difícil para mí sería controlar el tiempo, estaría volcada en el pequeño. Pero conociendo los pasos a seguir, seguro que esto me facilita mantener la calma y actuar correctamente. Ojalá no tenga que usarlos nunca! 

Como conclusión, estos hechos que nos hacen sufrir y a veces vernos en situaciones límite, nos ayudan a poner los pies en el suelo, a valorar lo verdaderamente importante, la vida, la salud, los nuestros, vivir los pequeños momentos con intensidad...


Espero que os haya sido útil la información que os he dado. Un abrazo y mucha salud!



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