jueves, 4 de diciembre de 2014

Valientes luchadoras

El lunes fue un día diferente, de esos días que aprendes, que ves cosas que te enseñan, días que te hacen madurar.

Una persona cercana a mí, me propuso acompañarla a su sesión de quimioterapia. Son 3 horas (4 en este caso porque también le pusieron hierro).

Creo que nunca os he contado que antes de quedarme en paro y pasar a ser mami-ama de casa a tiempo completo (o sea que el concepto “en paro” es poco descriptivo), era delegada comercial en un laboratorio farmacéutico que entre otros productos tenía quimioterapia para el cáncer de mama, así que del tema sé un poquito. Afortunadamente, no había vivido ningún caso cercano de cáncer. Mucho había leído, y mucho había hablado pero más en términos científicos, para poder vender e “informar” a mis clientes (oncólogos).

Llegué al hospital, hospital al que durante años había ido en busca de negocio, y me sentí como en casa (muchas horas de espera había pasado allí), hay gente que le incomoda o le pone nerviosa ir a estos sitios, a mi no. Fui directa al edificio de maternidad, que es donde está la planta de Oncología para cáncer de mama. Nada más poner un pie en la planta, mi cerebro hizo que mi visión cambiara, vi cosas que hasta entonces no había visto, todo tomaba una nueva dimensión. Cuando salí de allí, al cabo de 4 horas entendí lo que había pasado. Años atrás, necesitaba ponerme una coraza para ser fuerte, para no salir del hospital llorando (al principio, más de una vez me había metido en el coche a llorar), soy muy sensible, y la empatía a veces me traiciona. Ahora no, ahora era Paloma, la persona, la que estaba allí acompañando a esa mujer fuerte y luchadora con la que iba a pasar unas horas mientras “le enchufaban” la quimio. Como cambian las cosas, y más cuando hay sentimiento.

La sala de espera estaba llena de mujeres de diferente edad, nivel cultural, social, raza, buena o mala persona…El maldito cáncer no hace distinción, todos somos iguales para él.

Muchas tenían un aspecto físico similar, caritas de luna, con poquito o ningún pelo, algunas hinchadas, unas con pañuelo, otras con peluca y otras luciendo su bonita cabeza… Las miradas eran diferentes, pude palpar el miedo en algunas, cansancio en otras, y en otras la fuerza que las lleva a luchar día tras días. Me sorprendió el “buen rollo” que transmiten algunas, las que deciden tirar para adelante, cueste lo que cueste pero con una actitud positiva, con una sonrisa en la cara y un “a por ello”. Esa es la actitud, aunque imagino que ya no sólo depende del tipo de personalidad que tengas, todos tenemos días, y por otra parte, la químio no es agua del Carmen, no nos equivoquemos, es pura química con sus efectos secundarios correspondientes, y no todos los cuerpos reaccionan igual.

Esto me lleva a un tema delicado, pero que a veces no pensamos. Intentamos animar, y a veces metemos la pata, y no nos damos cuenta del daño que les podemos hacer. Mejor no decir nada a decir cualquier cosa, seamos sensibles. No vale contarles casos (nuestro o de alguien conocido) del palo, “ uff a fulanita le fue fatal” “uy necesitó ayuda psicológicla” bla bla bla…

Cada uno es un mundo, hay muchas variables que intervienen, no hay dos casos iguales, a cada paciente le ponen el esquema de tratamiento (combinación de diferentes quimios)que el/la onco considera en función del tipo de cáncer, estado, paciente… No tienen nada que ver los tratamientos de antes con los de ahora, incluso hay más fármacos para paliar las posibles molestias o daños colaterales que la quimioterapia pueda causar, y por otro lado, no nos olvidemos que cada vez más tenemos a nuestro alcance más conocimiento sobre tratamientos alternativos que nos pueden ayudar. Así que a dar fuerza y ánimo, que para dar lo contrario no hace falta que les ayudemos.

Admiro a esas personas valientes, luchadoras, fuertes, que saben que el camino es duro, que pueden caer pero que se levantan, que ponen una sonrisa para no preocupar a los suyos.


Gracias por compartir esas horas conmigo, por permitir conocerte algo más y por hacerme crecer.

Un abrazo, y a valorar lo que realmente importa, dejemos lo superficial a un lado.


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