lunes, 16 de junio de 2014

¿Ese de ahí es mi hijo?

Junio es un mes muy especial, me gusta por muchos motivos, el clima me encanta, en la playa se está fenomenal, en la montaña ni te cuento, el día es más largo… Además, es un mes de cerrar etapas cuando los peques van a la guarde o al cole.

El jueves pasado tuvimos reunión en la guarde de Pablo. Él va a Linus, ha sido su segundo hogar durante muchos meses, y aún le queda por disfrutar un mes más de su educadora, sus amigos, su maravilloso jardín, el cariño que ahí se respira… Pronto mi pequeño tendrá que cerrar una etapa muy dulce, y empezar otra, en un lugar distinto.

Pues a lo que iba, tuvimos una reunión donde nos mostraron a los padres un vídeo. Un vídeo que me dejó sorprendida. El día a día de los niños. ¡Aluciné! Lo primero que me pregunté fue ¿ese que se parece a Pablo, que va vestido como él, que se mueve como él, es mi hijo? ¿Ese niño obediente, que mantiene la atención más de 2 minutos, que come solito sin derramar una gota de puré de la cuchara, que espera pacientemente a que llegue su turno es mi hijo? ¡No me lo `puedo creer! ¿Pero cómo es posible?

Es increíble de lo que son capaces. Me encantó verlo, disfruté muchísimo de verle a él y a sus amiguitos evolucionar y crecer juntos. Me fascina ver como los niños por el mero hecho de estar con más niños aprenden, se motivan entre ellos, eso de pertenecer a un grupo de iguales les potencia.

He de reconocer que viendo el vídeo, en más de una ocasión, tuve que mantener firme a la lagrimilla que estaba a punto de salir. Viven momentos tan tiernos y dulces, entre ellos, se cuidan y protegen. Es tan bonito ver cómo consuelan al que está triste o al que se ha lastimado, como ayudan al que no puede hacer algo, como de repente se dan un beso o un abrazo de esos que acaban cayendo al suelo.



Y desde luego, en todo esto tienen mucho que ver las educadoras. En Linus el respeto al niño es una máxima, he aprendido mucho. Aunque he de reconocer que en casa a veces es difícil decir las cosas con calma, sobre todo cuando le has repetido 8 veces  “por favor cariño, ¿puedes recoger los coches?” y no ha habido ni siquiera un “no” por respuesta (me desespera cuando no contesta). Su educadora les habla como si fueran adultos (hasta cierto punto), todo tiene explicación. Y es que es cierto, un niño necesita que le expliquen lo que pasa a su alrededor, a veces por el mero hecho de ser niños pensamos que no necesitan explicaciones de lo que está pasando o pasará, y es un grave error. Si se lo explicas dentro de los límites que permite su capacidad de desarrollo, ellos lo procesan y ven la vida con más calma. No hemos de olvidar que para ellos la mayoría de acontecimientos son nuevos, y que el mundo que les rodea les fascina, así que un poquito de ayuda no les viene mal. Sobre todo cuando se trata de reconocer sus propias emociones, poner etiquetas a lo que sentimos es difícil a veces para los adultos, imagínate para un niño que además tiene un vocabulario limitado que va creciendo a mucha velocidad día a día.

Cuando salí de la reunión me quedé con una idea dándome vueltas. ¿Pablo es capaz de muchas cosas, no será que le quiero proteger tanto que en casa le freno? Bueno, tengo claro que a veces en casa prefiero darle yo la cena y así evitar barrer y fregar el suelo de nuevo, cambiar el pijama, etc. Posiblemente me esté equivocando y debería dejarle continuar con sus hazañas en casa, que mancha, pues se vuelve a limpiar. Pero es que acabo tan cansada…! 

También me di cuenta  del cambio de comportamiento, él tiene claro que en casa está mamá, su mamá. Y le gusta que le cuide, le mime, le quite la ropa aunque él sepa hacerlo, me tumbe con él en la cama mientras le hago caricias y hablamos hasta que se duerme…

¿Qué hay de malo si en casa se comporta de manera diferente a como lo hace fuera? Dura tan poquito la etapa bebé-niño pequeño que hay que disfrutarla al máximo.

Y así estoy, sorprendiéndome día a día de cómo crece mi pequeño. Y en el fondo me da pena…mi bebé se está yendo.

¿Os pasa lo mismo?

Un abrazo



4 comentarios:

  1. Síiii. A mí también me pasa. Y hago como tú. Aunque en la escuela me lo convierten en u hombrecito, yo vuelvo a hacerlos bebé cuando llega a casa jajaja

    No creo que haya nada de malo.

    Por cierto, yo sí que lloro en las presentaciones que ponen en las reuniones de fin de curso de la guarde. ¡Es que soy muy ñoña!

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    1. Hola guapa! Y que vivan las mamis ñoñas que nos emocionamos con nuestros peques, aunque sea evitando que caiga la lagrimilla jajaja!
      Un beso

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  2. No te cortes cuando quieras darle tu la comida en casa o hacer otra cosa , si tienes la certeza de que él sabe hacerlo sólo luego .Aprovecha ahora que crecen muy rápido y eso se acaba más rápido que no te das cuenta ¡Dímelo a mí ! Con 13 y 10 años , al pequeño todavía quiero hacerlo bebé , y se deja un ratito muy corto ,jaja.

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    1. jajaja pues nada...me queda poquito, al paso que crecen. Así que a achuchar sea dicho!! Gracias por pasarte por mi blog!! Un abrazo

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