jueves, 22 de mayo de 2014

Perder los nervios

Agotada, así me siento después de 2 días de auténtica locura en casa. Nadie dijo que tener 2 hijos seguidos fuera fácil, pero de ahí, a los momentos que se llegan a vivir a veces hay un abismo.

Los dos han estado malitos. El mayor (casi 2 años y medio) con faringitis, ¡menuda febrada ha tenido el pobre! Es curioso, si un adulto estuviera a 39 de fiebre, estaría hecho polvo todo el día, incluso al bajar la fiebre se encontraría flojo. Pues los niños no, el mío se transforma y se convierte en un saltimbanqui, no para de saltar, gritar, hablar, moto arriba-moto abajo…y por supuesto, llamar la atención. Eso está bien si puedes prestarle atención y dedicarle tiempo. Pero la cosa cambia cuando tienes otro de 7 meses, que ya sabe “reclama a mamá” con sus grititos, que necesita mis brazos o su chupete-mamá para encontrar consuelo. Ah! Y por supuesto la casa por hacer, porque cuando están en casa mi comedor parece más una ludoteca después de un huracán que un comedor.

Me siento fatal, creo que no lo he hecho bien. He llegado a perder la paciencia, y eso que estaba concienciada que el día sería largo y pesado. Los 2 años de edad son duros: rabietas, el dichoso “no”, “yo solito”, retar constantemente a papá y mamá, “es mío”, pegar….Ah! y desde hace una semana hemos entrado en la fase del “¿por qué?”, por favor, esto es agotador, la cascada de preguntas no tiene fin, bueno sí, cuando le digo “porque sí” o “ no lo sé hijo, luego se lo preguntas a papá”. El niño es muy bueno, pero es niño, y claro, requiere mucha atención. Y el bebito, que también es muy bueno, necesita de mamá, sobre todo cuando no se encuentra bien. He deseado poderme dividir, es imposible dar el pecho y acompañar al otro al orinal…porque claro, sólo le vienen ganas cuando mamá está ocupada.

Me siento mal, le he exigido al mayor portarse como si tuviera más edad, y el pobre es un bebé grande. Quizás he sido un poco injusta, pero ocurren situaciones desquiciantes, y qué haces cuando estás dando el pecho o intentando dormir al pequeño, se lo explicas al otro  “mira cariño, ahora tu hermanito ha de dormir, necesita un poquito de silencio, ¿vale?” y falta tiempo para que empiece a chillar o hacer ruido tirando sus cochecitos al suelo…el otro que llora porque se ha asustado… ¿y qué haces? La primera vez intentas gestionarlo con calma. Calmas al bebé, te sientas con el mayor y dialogas (a veces no sé si sirve de algo), pero cuando llevas así todo el día, al final pierdes la paciencia. Para mí es un fracaso, porque le digo mil veces al día “no se chilla”, y ¿qué hago yo? Pues pegar un grito (que por cierto, sienta muy bien).

Y en el fondo sé que es por impotencia, no puedo cubrir las necesidades de cada uno, el tema de turnos no me funciona, el mayor aun no lo entiende (próxima misión: enseñárselo). Si riño al mayor luego me siento mal, creo que he de ser firme, pero no sé si es justo. Él también me necesita y por eso llama mi atención haciendo todo lo que le digo que no haga…

Es cuestión de paciencia y cariño, pero los días así no los llevo bien... es cuando me cuestiono muchas cosas, y quizás soy un poco crítica con mi manera de actuar. Menos mal que hoy todo está volviendo a su sitio. ¿Os pasa lo mismo? ¿cómo lo solucionáis?


Un abrazo

2 comentarios:

  1. Es muy dificil encontrar el equilibro en la maternidad y la crianza. Animo

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  2. Gracias Desiré...hay días que todo fluye, pero otros...
    Me ha encantado verte por aquí. Un abrazo

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