sábado, 5 de abril de 2014

Celos

Sabía que podía pasar, aunque tenía la esperanza de que no pasara… Muchos me decían “no te preocupes, se llevan tan poquito que no tendrá celos”, o “es tan pequeño que no los tendrá”. Pues la verdad es que los tiene.

No me puedo quejar, oigo casos mucho peores, pero me duele que lo pueda estar pasando mal.
Al principio es duro, acabas de dar a luz, sufres pequeñas molestias, y te esfuerzas para que el pequeño que ahora es el mayor (¡cómo cambian las cosas!) apenas lo note. Y parece fácil porque el bebé se pasa casi todo el día durmiendo, pero cuando llega la hora de darle el pecho todo se complica. Empiezan los reclamos, a querer brazos, incluso a querer pecho, ¡aunque haga más de año y medio que lo dejó! Se viven situaciones estresantes, muy estresantes (uno mamando, otro abrazado a ti y tú intentando mantener la calma). Y otras delicadas, como las regresiones, algunos vuelven al pañal después de haber superado con éxito el quitarlo, otros vuelven a hablar peor, duermen mal...



Otro momento delicado es cuando vienen las visitas a conocer al recién nacido, es de agradecer que la gran mayoría de ellas son sensibles y tienen en cuenta la presencia del mayor, y se esfuerzan en hacerle sentir importante. Pero de repente ocurre, empieza a comportarse como nunca,  y todo para llamar la atención. 


Con el tiempo todo se va poniendo en su sitio, bueno con el tiempo, paciencia, cariño y comprensión. 
Ahora estamos en la fase en que cualquier momento dulce se puede agriar en décimas de segundo. Un bonito beso se puede convertir en mordisco, una cariñosa caricia en la mejilla en un pellizco… Mil ojos son pocos, no los puedo dejar solos… Y me da pena, pena por el bebé que recibe, y pena por el "mayor" que no controla y lo pasa mal.

¿Y qué hago?  Me esfuerzo mucho en potenciar el amor entre ellos, con el mayor procuro tener cada día un rato para estar a solas con él, compartimos momentos muy especiales, él tiene sus responsabilidades, es el encargado de tirar los pañales a la basura, me ayuda a ponerle cremita al bebé, si llora le canta…y se siente muy orgulloso de participar. Pero es inevitable, e imagino que hasta sano que exprese sus emociones, no con palabras sino con conductas que hemos de interpretar, no olvidemos que los peques son lo que son, pequeños.


Es una fase más de las muchas que hemos de pasar, así que paciencia. Pero a mi me agota, es difícil y cansado estar todo el día en guardia, tratar el lado emocional es delicado, darle a cada niño lo que necesita, que comprendan que papá y mamá los quieren a los dos, que si dices una cosita a uno el otro se puede molestar...mil detalles a tener en cuenta. Pero creo que no hay que evitar estas situaciones. Su realidad es esta, ya no son uno, el rey, son dos, y eso es algo maravilloso y que les dará mil experiencias enriquecedoras.

¿Qué tal os va a vosotras? ¿cómo lo vivís?

Seguimos aprendiendo a ser padres,

Un abrazo.

Paloma


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